Recetas

Pasta al huevo casera

Hacer pasta al huevo casera es tan sencillo que no entiendo por qué no lo la preparamos con más frecuencia.

Que sí, que se tarda más tiempo que si directamente se vuelca el paquete en el agua hirviendo, pero es que no tiene nada que ver, ni el sabor ni la textura, aparte de que controlas todos los ingredientes.

 

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En casa somos muy de cocinar todo lo que podamos, de hecho, hace mucho tiempo que no entra comida congelada, ni hecha de ninguna de las maneras. Requiere más dedicación, pero compensa, por lo saludable y por cómo sabe lo casero.

La receta de la pasta es que es sencilla de verdad, y no lleva ningún ingrediente difícil de encontrar.

Ésta es la lista para unas cuatro personas:

Ingredientes

  • 200 g de harina
  • 2 huevos
  • Sal
  • Un poco de aceite de oliva virgen extra

 

La elaboración tampoco es complicada. Sobre un cuenco se echan todos los ingredientes y se mezclan con un tenedor, para pasar luego a las manos, amasando unos diez minutos hasta hacer una bola algo rugosa y elástica. Se cubre con un paño y se la deja reposar media hora.

Aquí tenéis el proceso en fotos:

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Echamos todos los ingredientes y comenzamos a mezclar con un tenedor
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Amasamos con las manos unos diez minutos
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Ésta es la bola. La dejamos reposar treinta minutos cubierta con un paño

Pasado el tiempo, se coge un trozo y se comienza a trabajar con ella, con una máquina de pasta o con el rodillo.

En cuanto se comienza a aplanar desaparecen las rugosidades, pero es recomendable darle varias pasadas para que coja una textura más delicada, espolvoreando un poco de harina de vez en cuando. Dependiendo la forma final que vaya a tener, variará un poco el grosor, pero todo depende de los gustos, así que mejor ir probando.

Sólo queda cortarlas al gusto, con la propia máquina o con un cortador de pizza, un cuchillo o un molde. Se puede dejar secar un poco al aire o hervirla directamente.

 

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Se hace la placa de pasta del grosor que más nos guste y se corta con la forma que elijamos

 

Se echa en agua salada hirviendo y se deja unos tres minutos, no más porque recordad que es pasta fresca (fresca de verdad, no de las que se compran), se escurren y se vuelcan directamente en la salsa.

Seguro que notáis el cambio y que os cuesta volver a la pasta de paquete. ¿Os animáis a probar a hacer vuestra propia pasta al huevo casera?

 

 

Vida sana

Nos vamos de ruta de senderismo (con bebé incluido)

¡Buenos días!

Ya que estamos en fin de semana, es el momento ideal para escribir este post y animaros a que hagáis rutas de senderismo, incluso si tenéis niños pequeños o bebés, como es nuestro caso. Sé que es muy habitual dudar sobre si estarán bien y, sobre todo, que nos entra pereza porque hay que organizar las cosas con más precisión, pero merece la pena, para ellos y para vosotros.

Lo primero que se suele pensar al plantear hacer cualquier actividad con niños es que hay que ir cargados de cosas que pueden o no necesitar después, pero los “por si acaso” llenan una mochila.

A mí me pasa con la bolsa del carrito, que entre pañales y accesorios, varias mudas (que nunca se sabe), la manga larga por si acaso refrescara (¡ay, que ojalá refrescase ahora como para ponerle manga larga! me temo que al menos en Sevilla no va a refrescar en varios meses), la muselina, los juguetes y mordedores, comida si vamos a estar mucho tiempo fuera, la cartilla del médico, alguna gasa, el protector solar, su botellita de agua y la mía, y todas las cosas que llevaría en mi bolso pero que como ya voy con el carro lo meto en un bolsillo de la bolsa del bebé…

Vamos, que en una mudanza se carga menos. ¿Os pasa igual?

Por eso entiendo que dé pereza plantear una excursión, porque cuando salimos al campo, la cosa parece que se complica un poquito más, pero en realidad no hay tanta diferencia. El bebé va a necesitar más o menos lo mismo, sólo que ahora no va en la bolsa del coche sino en una mochila, donde también van nuestras cosas, que básicamente son agua, comida y protector solar.

Aparte, el niño va en su propia mochila, y ya está. Por cierto, yo no recomendaría portear con bandolera porque no es lo suficientemente ergonómica y os carga todo el peso sólo en un costado, ni tampoco con foulard, ya que es muy probable que tengáis que sacar al bebé en varias ocasiones y sacar y meter al bebé ahí es un engorro, además de que al ser tan largos vas a arrastrarlo por el suelo al ponerlo y quitarlo.

Para mí, lo mejor es una mochila ergonómica (ergonómica de verdad, que en el mercado hay cada cosa… ya hablaremos de esto también en otro post). Si la ruta es más complicada y el bebé ya cumple ciertos requisitos, hay mochilas especiales con protecciones metálicas y arnés, son más seguras pero pesan un montón.

Si os animáis, que espero que sí, hay una serie de recomendaciones que me gustaría daros.

 

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Ahí voy porteando hacia delante, se ven las correas y las tirantas de la mochila

 

Planificad e informaros antes de la ruta

Si vais con niños, y sobre todo si son pequeños y tienen poca movilidad, es muy importante que sepáis de antemano la intensidad y dificultad del camino que vais a elegir.

Yo aconsejaría empezar por uno suave, aunque seáis capaces de hacer rutas más complicadas, porque ir con un bebé cargado cambia todo. La seguridad es fundamental, tenéis que sentiros con confianza, porque no sólo lleváis un peso añadido (como normalmente se lleva mochila no habría tanta diferencia), sino que no tenéis permitido caer o tropezar, así que mejor ir sobre seguros.

Si al planificar veis que hay alguna ascensión más complicada, podéis llevar bastones. Su uso es más que recomendable porque os dará estabilidad, sobre todo si porteáis delante, porque se desequilibra el eje de gravedad.

También es interesante ver si hay áreas de descanso, porque parad vais a tener que parad varias veces, y eso se puede hacer en cualquier parte, pero si sabéis de antemano que hay zonas con bancos y mesas, o barbacoas, por ejemplo, podéis llevar un tipo de comida algo diferente.

 

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Este tipo de senderos es ideal para comenzar: con el camino bien marcado, sin muchos desniveles y con lugares donde parar a la sombra

 

Agua y comida

Con la comida evitad complicaciones.

Para los niños pequeños, cosas sencillas y que estén habituados a comerlas, no es el momento de ponernos a hacer experimentos. Llevadle fruta, que además de alimentarlos los hidrata y refresca, y si van caminando, fundamental añadir picoteo que les dé energía, como galletas y frutos secos (si ya los pueden tomar).

En el caso de los adultos, bocadillos es la opción más cómoda, pero no la única. Podéis llevar una ensalada (con queso y pollo, para que os dé más energía), o un aliño como una ensaladilla, por ejemplo. Yo optaría por evitar comer mucho de una vez, es mejor espaciar la comida en al menos dos veces, para no ir después tan pesados.

Aparte, recomiendo llevar un buen surtido de picoteo de calidad: plátano, nueces y almendras, galletas integrales, barritas caseras (tengo que subir la receta). Cosas que ir comiendo de vez en cuando sin necesidad de parar.

Agua, agua y agua. Para vosotros y para el bebé. Mejor que sobre a que falte. Si el niño no habla o veis que no la pide, ofrecedle continuamente porque entre el sol que pueda hacer y lo que se suda al ser porteado (y portear), se deshidratan muy rápido. Si hace calor, ese agua sirve también para mojarlo y refrescarlo.

Y aquí enlazamos con otro punto fundamental:

 

Protegeos del sol

Todos, pero sobre todo en el caso de los niños. Gorro (los hay con protección para la radiación solar), muselina, calcetines, lo que sea necesario.

Yo no soy muy partidaria de las cremas de protección solar ni de ningún tipo de crema para los bebés, puesto que su piel asimila más sustancias que la de los adultos, y es difícil testar en ellos para ver qué efectos reales tienen (¿cuánta gente deja que prueben sustancias químicas en sus hijos? pues eso), pero si no se puede cubrir con una prenda, antes de que les esté dando el sol durante la caminata está claro que mejor usamos protector solar pediátrico factor +50.

Si es posible, mojadle de vez en cuando la cabecita o la gorra, tanto si es un bebé porteado como si es un niño pequeño que ya va andando.

El calor

Es un elemento a tener bien presente, porque se puede volver vuestro peor enemigo. El porteador y el porteado pasan un calor extra, que hace que suden. No es por el sólo peso, sino el contacto directo hace que suba bastante la temperatura de esa zona, que para nosotros es un trozo de nuestro cuerpo, pero para el niño es casi toda su superficie. Encima, vamos haciendo ejercicio.

Así que aquí parece que me contradigo con lo que acabo de decir en el epígrafe anterior, pero en cuanto a ropa, menos es más, sobre todo en el caso del bebé. Es preferible pantalón corto y sin calcetines, y cubrir sus piernas con una muselina que permita que circule el aire. No os volváis locos con las capas, porque en poco tiempo van a estar empapadas.

Es aconsejable, de hecho, llevar varias camisetas por si necesitarais cambiárselas en las paradas si la que tiene puesta está demasiado húmeda y evitar así que se enfríe.

Pero lo peor del calor es que puede hacer que el bebé llore, agobiado. Porque si tú tienes calor en tu pecho o espalda, él tendrá mucho más y en todo su cuerpo. En esos momentos lo mejor es parar, cambiarlo de camiseta si fuera preciso, o puede que justo lo contrario, que necesite que lo mojéis y lo refresquéis.

 

Las paradas

Al hacer una ruta de senderismo por el campo sin niños, es posible que prefiráis caminar durante ratos largos, sin deteneros hasta llegar a un punto determinado o hasta acabarla. Con niños es mejor olvidar esa opción. Ya sea porque tiene hambre o calor, porque le apetece moverse, porque hay que cambiar el pañal, porque está cansado,… por lo que sea, pero vais a parar varias veces. Por eso, calcular de antemano el tiempo que vais a tardar en hacer una ruta es muy complicado.

Sin embargo, las paradas se pueden convertir en lo mejor del paseo, porque es el momento ideal para aprovechar que interaccione con el medio que lo rodea y dejar que investigue lo que hay a su alrededor, que toque, que vea, que huela. Despertar sus sentidos y empezar a inculcarle el amor y el respeto por la naturaleza.

 

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El olor, el color y el tacto de la lavanda, el zumbido de la abeja

Hay muchas más cosas que me estaré dejando en el tintero, pero espero que con esto os haya  ayudado a planificar y recordar las cosas a tener en cuenta, que como habéis visto no son muy diferentes a las que ya tenéis que tener presentes en una salida normal por la ciudad. Sobre todo, espero haberos convencido para que os animéis a hacer rutas de senderismo con bebés, porque es una forma maravillosa de hacer deporte en familia y lo vais a disfrutar mucho todos.

 

 

 

Alimentos

El níspero y sus propiedades

Níspero, o chicozapote, miézpola, loquat, mamey, zapote, mespel, chico, níspola… como quieras llamarlo, pocas frutas tienen tanta variedad de nombres como ella.

La llames como la llames, lo importantes es que ¡estamos en la época de los nísperos!

Esta pequeña joya de la naturaleza tiene su origen en Asia, pero se consume en Europa desde la Antigüedad.

Por aquí somos unas enamoradas de esta fruta dulce y refrescante gracias a su suave toque ácido. Y también de la planta, que tiene unas hojas grandes, brillantes y decorativas, mirad:

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¿Es o no es bonita?

Como está de temporada, vamos a aprovechar para hablar un poco de sus propiedades beneficiosas, que son un buen montón.

  • Protegen el hígado: contienen alto contenido de carotenos, que ayudan contra enfermedades hepáticas como la hepatitis, el hígado graso o la cirrosis.
  • Combaten el colesterol y los triglicéridos
  • Ayudan a reducir la presión arterial gracias al potasio.
  • Atrasan el envejecimiento de la piel: por sus carotenos, la vitamina A y los antioxidantes.
  • Protegen el estómago: gracias a los carotenos, y la infusión de sus hojas se utilizan para tratar problemas de garganta como la tos y la gripe.
  • Aportan magnesio y calcio
  • Mantenerte en tu peso: por su fibra (la pectina) y sus pocas calorías (unas 40kcal por cada 100g
  • Diurético, gracias a sus altas cantidades de potasio, flavonoides y vitamina C.
  • Levemente laxante, por la pectina.
  • Y especialmente indicado para las embarazadas y lactantes: es una fuente natural de ácido fólico.

¡Y encima saben tan bien! ¿Eres también un enamorado de los nísperos?

 

Salud

La obesidad en cifras

La obesidad, es decir, la excesiva acumulación de grasa, es uno de los principales problemas de salud a nivel mundial, tanto que la OMS habla de epidemia.

Lo peor de la obesidad no son la estética, que también, sino es que trae asociadas otras enfermedades, algunas muy peligrosas como las cardiovasculares o la diabetes tipo II.

Si desafortunadamente te encuentras en este grupo de población con sobrepeso u obesidad, no te sientas solo. Mira las cifras:

  • En 2013, más de 42 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso.
  • En 2014, el 38% de los hombres adultos a nivel mundial tenían sobrepeso y un 11% eran obesos.
  • En 2014, los casos en mujeres son aún mayores, en 40% con sobrepeso y un 15% con obesidad.

Alarmante, ¿verdad?

La obesidad se produce como consecuencia de un desequilibrio prolongado entre la ingesta y el gasto energético. La vida sedentaria y la dieta a base de comida rápida y con grasas saturadas típicas del primer mundo son los principales causantes, así que la solución no parece complicada, ¿verdad? Quemar grasas mediante ejercicio y consumir menos alimentos poco saludables.

Si es así de sencillo, ¿por qué nos resulta tan complicado? Posiblemente, nuestro ritmo de vida y la comodidad (tanto para no hacer deporte como para no cocinar) tienen mucho que ver.

Por eso nuestra propuesta es muy simple: ir poco a poco, paso a paso.

Porque todos sabemos que si decidimos comenzar una dieta severa, tres horas de deporte diarios y triplicar nuestro consumo de agua, no vamos a aguantar ni una semana, además de que nos vamos a hacer daño. Funciona mucho mejor ir introduciendo un pequeño cambio, y una vez interiorizado, añadir otro más.

¿Te gusta la idea?

Recetas

Bizcocho de semillas, nueces y dátiles

A nadie le amarga un dulce, ¿verdad?

Pues ahí vamos con la receta de un bizcocho que está para repetir unas cuantas veces, que a golosos no nos gana casi nadie, aunque en este caso la verdad es que no es muy dulce, ya que el nivel de azúcar se puede regular y esta vez nos hemos decantado por no pasarnos mucho.

Pero eso sí, cumple con nuestros requisitos básicos para la repostería de calidad… y para cualquier receta que se precie, en realidad:

  • Casero, nada de comprar dulces por ahí salvo que confíes en el obrador.
  • Con ingredientes de primera calidad, como los huevos camperos.
  • Sustituyendo los ingredientes menos saludables, como la mantequilla por AOVE (aceite de oliva virgen extra) o el azúcar refinado por azúcar moreno.

Si encima le añadimos cosas tan ricas y nutritivas como las semillas de chía, de lino y de amapola, y un montón de nueces y dátiles, tenemos una bomba energética digna del mejor desayuno.

 

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Ingredientes:

  • 3 huevos camperos
  • 180-200 g de azúcar moreno (según el dulzor que prefiráis, nosotras hemos echado 185 g)
  • 120 g de leche
  • 125 ml de AOVE
  • 180 g de harina
  • 1 sobre de levadura
  • 1 cucharada de semillas de lino
  • 1 cucharada de chía
  • 1 buen puñado de nueces (tres puñados en este caso, aunque mi mano es pequeña)
  • 8-10 dátiles
  • Media cucharada de semillas de amapola
  • Un poquito más de azúcar moreno

Engrasamos un molde con aceite y harina. Precalentamos el horno a 180ºC.

Mezclamos los huevos con el azúcar con ayuda de una batidora, robot de cocina o barillas. Incorporamos la leche y el aceite, volvemos a mezclar, y después la harina con la levadura, ambas tamizadas para eliminar impurezas.

Picamos las nueces, troceamos los dátiles y los echamos a la mezcla junto con las semillas de chía y de lino, lo movemos todo con la espátula para que esté bien repartido.

Lo horneamos unos 40 minutos, hasta que salga bien la prueba del palito, ya sabéis, pincharlo y que salga limpio. Yo uso una brocheta de madera, pero lo que queráis.

Dejamos que se enfríe un poco antes de desmoldarlo. Se puede consumir caliente, tibio o frío, y dura unos días con la misma frescura, siempre que se cubra.

 

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Las semillas de amapola y las nueces le dan un toque crujiente que contrasta porque es blandito por dentro, y como os decía, no es muy dulce, pero sabe genial.

¿Os animáis con la receta?